El teatro del absurdo

Parece que ya nadie se acuerda de que hace dos meses los españoles votaron. A los políticos, que se les llena la boca hablando de democracia, les importan muy poco los votos cuando se trata de acercarse al poder.

Creo recordar que el 20D hubo un partido que aún perdiendo muchos votos ganó las elecciones y otro que las perdió, consiguiendo de paso la plusmarca personal de menos votos y menos escaños de su historia reciente. Por otro lado irrumpieron con fuerza dos outsiders: uno de ellos apareció como gran triunfador cosechando más de 5 millones de votos y casi 70 escaños partiendo de cero, frente al otro en liza con unos resultados meritorios pero no determinantes, como era su objetivo.

La aritmética parlamentaria resultante sólo dejaba una opción lógica: un gobierno de corte centrista, encabezado por el partido mayoritario y apoyado por C’s y PSOE. Pero el gran trilero nacional, el incalificable Pedro Sánchez, en lugar de dimitir por el ridículo que hizo en las elecciones, decidió lanzarse a salvar su trasero para ser alguien en la política, o incluso en la vida. Negándose a hablar con quien ganó las elecciones, evitaba tener que explicar las razones por las que se opondría a un acuerdo, y tras el previsible fracaso de Rajoy en la investidura aparecería como «el gran salvador», en lugar de lo que realmente es: «el gran reventador».

Su plan para gobernar soplando y sorbiendo al mismo tiempo (eufemísticamente llamado «geometría variable») precisaba del apoyo o la abstención de «las fuerzas del cambio» (otro eufemismo para definir a un popurrí de partidos, cuyo único elemento en común es querer desbancar al ganador de las elecciones después de perderlas), pero con Iglesias hemos topado…  El lider coletero será lo que se quiera menos tonto y no iba a regalarle sus 69 diputados para que luego pactara con la derecha y con la Merkel los Presupuestos del Estado. Y no pueden pactar, simplemente porque Sánchez no puede gobernar con un mínimo de seriedad rodeado de ministros podemitas, y Pablo no va a dejarle gobernar en solitario, como harían los siempre tontos útiles de IU.

Ante la obviedad de que no queda otra que ir a nuevas elecciones ha empezado el show… Una obra de teatro protagonizada los dos principales líderes políticos perdedores de las elecciones, que han llegado al disparate de firmar solemnemente un llamado «acuerdo de gobierno» cuando no suman mucho más de un tercio del parlamento entre ambos. Un acuerdo-estafa, para un no-gobierno, firmado a toda prisa por dos políticos necesitados (uno para llegar vivo a las próximas elecciones sin que su partido lo fulmine antes y el otro para desmarcarse urgentemente del PP para que no lo fagocite en las próximas elecciones) con el único objetivo de tener un relato que contar, según el cual ellos serían los políticos serios y responsables, por querer gobernar sin votos, y los ganadores serían los culpables de que no haya gobierno. Una trama carente de significado, con diálogos repetitivos y falta de secuencia dramática… El teatro del absurdo.

Hasta ahora, los acuerdos de gobierno, de legislatura o de investidura, se firmaban para gobernar, legislar o investir, pero la absurda política-teatro actual nos ha traido a dos actores firmando solemnemente en una sala, en directo (muy importante que estén las cámaras) un acuerdo de no-investidura, de no-legislatura y de no-gobierno.

El el fondo los 200 acuerdos no son tan importantes, una vez que saben que no van a tener ninguna posibilidad de aplicarlos: diputaciones que desaparecen pero no del todo, una Reforma Laboral que se modifica pero se deroga al mismo tiempo, cambios constitucionales pero sin votos para hacerlos… Da igual, saben que no van a ningún lado, pero les vale para aparentar. Lo realmente importante es que van a estar 10 días ocupando la caja tonta y abriendo titulares, vendiendo una moto que no anda, a ver cuántos ingenuos se la quieren comprar.

La política como espectáculo ha provocado que definitivamente haya dejado de ser algo serio para ser pura escenificación, puro engaño… Todo es una gran pose, una gran mentira. Continuamente se venden realidades inexistentes como ciertas, como la que acaban de mostrarnos.

El próximo acto de la obra del gran figurante y su actor secundario será que se hable, mientras dure, de su «sacrificio por los ciudadanos» y culpar al PP y a Podemos de que España sea ingobernable, identificándolos y calificándolos de extremistas e intransigentes, sin olvidar el argumento para tontos de que Podemos «prefiere a Rajoy antes que a un socialista» o que «PP y Podemos están de acuerdo y votan lo mismo», o que ambos son igualmente «antisistema». Asistiremos a esa estigmatización estúpida hasta que volvamos a votar, pero antes, a partir de la semana próxima, se bajará el telón y volverá a alzarse con nuevos actores y nuevo guión…

PP y Podemos lo tienen bastante fácil, a nada que jueguen bien sus cartas en los dos meses que faltan para la segunda vuelta, para vapulear a estos dos comediantes y que volvamos al bipartidismo, pero esta vez con un protagonista distinto en la izquierda, mucho más peligroso. A poco que los ciudadanos tengan el más mínimo sentido crítico para distinguir la realidad de la ficción, los mandarán a paseo, por teatreros.

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El maestro trilero

Como dijo Umberto Eco, «Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad«. Y añadía: «Las redes sociales dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles«.

La telecracia española y la moda de la política en las redes sociales han conseguido, después de años de crisis económica, regalarnos un panorama político que hace ingobernable España por primera vez desde la transición, cuando más falta hacía lo contrario, además de aupar a la cúspide política a un grupo de demagogos que han sabido aprovecharse hábilmente del altavoz que les prestan esa pléyade de tontos del pueblo que pululan por Internet.

Y así, de la nada, ha aparecido en nuestras vidas un revolucionario con coleta, con sus viejas ideas, disfrazado de renovador y sanador de nuestra política, mantenido y financiado por países cuyo único objetivo es desestabilizar al bloque occidental. Este telepredicador con pinta de chamán, nos aconseja brebajes que ya han matado a todos los enfermos que han sido tratados con ellos, algo que él conoce perfectamente, pero su objetivo nunca ha sido la salud del enfermo sino su eutanasia, no sin antes contagiar a todo su entorno. El objetivo de Podemos y sus compinches no es mejorar la vida de los madrileños, ni colocar a Barcelona como una capital puntera en Europa, ni acabar con el paro en Cádiz, ni siquiera gobernar España para implantar su revolución socialista, sino dinamitar la UE y el euro… Ha sido financiado para desestabilizar, como él mismo renoció en 2012: «A Irán le conviene que en España y América Latina se difunda un discurso de izquierdas porque afecta a sus adversarios… Así es la política…¿Lo aprovechamos o no?» (https://www.youtube.com/watch?v=jjeVbE3dL4Q)

Para conseguir sus objetivos, Pablo Iglesias necesita sin falta ganar unas elecciones y gobernar, algo nada fácil porque España no es Grecia, pero hete aquí que se le ha aparecido la virgen… el siempre necesario tonto útil: Pedro Sánchez… un trilero necesitado de poder para salvar el sillón en su partido, después del revolcón que le han dado en las urnas, y que no ha hecho otra cosa en la vida que practicar con la bolita.

Sánchez, como buen maestro del trile, llegó al Comité Federal del partido con sus tres cubiletes, su bolita y su mesa y la puso delante de sus barones: «no voy a pactar a cualquier precio… líneas rojas o rosas… sí pero no… me lo tendréis que aprobar, pero también haré un referéndum entre las bases…» Los pardillos asistentes todavía están buscando la bola.

Después se ha ido con sus cachibaches a La Zarzuela y al Congreso y ha puesto delante a Felipe VI, a Garzón, a Rivera, a los secesionistas y a Iglesias. Su plan es claro: Que unos u otros, o todos («las fuerzas del cambio» las ha bautizado) le regalen sus votos para ser investido Presidente, despacho en Moncloa y después, a la hora de gobernar… pues ya veremos… bolita a la izquierda, bolita a la derecha, bolita al centro.. ¿Dónde está la bolita?

Pero al maestro trilero le ha salido un grano… El jugador al que necesita engañar, sin el cuál no puede ser investido por mucho que engañe a todos los demás, es más listo que él y se sabe todos los trucos del trile, así que le ha dicho que él sólo juega con cubiletes de cristal… Si quiere su apoyo tendrá que meterlo a él y a su soviet supremo en el Gobierno. Así podrán iniciar su proceso revolucionario, dinamitar el Estado desde dentro e ir a Bruselas a saltar la banca. En ese caso lo que deberían poner en streaming son los consejos de ministros de cada viernes en Moncloa, con el Vicepresidente chuleando al Presidente, Errejón manejando el CNI, Garzón montando líos con Junker, Bescansa dándole el pecho a su niño y Hernando flipando con sus gafas de colores.

No sabemos si Sánchez tendrá preparado un gancho (elemento imprescindible en el manual del tramposo) para que Iglesias pique y le regale el sillón, o es que sabe que no va a llegar a nada y se está haciendo un cartel en el PSOE y ante los votantes para unas nuevas elecciones, ya que el verdadero maestro en este juego es Iglesias, que lleva años preparando su asalto a los cielos y a ese no se la cuela.

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